jueves, 12 de agosto de 2010

Los olvidados

Vivir en una ciudad te puede volver insensible, de hecho lo hace, gente que camina sin mirar a su alrededor, niños de rodillas en banquetas tornados en humanos invisibles por miradas insensibles.

Pequeños rostros decorados con lágrimas, lágrimas que se pierden con la lluvia, mimetizadas, dulces lagrimas de un amargo vivir, dulces lágrimas de aquella infancia que paso desapercibida, sin caricias ni mimos, sin amor, sin cariño, lagrimas que duelen e inquietan.

Los llamados niños de la calle, paridos por un pasado triste, criados por un presente duro en espera de un futuro incierto, nuestros niños, los olvidados.

domingo, 8 de agosto de 2010

Young forever

Historias de una moto, abuelo y nieto...

La edad no es nada más que un estado mental que te reprime o te libera, esto lo aprendí de mi abuelo que a sus 75 años tiene más vitalidad que la mayoría de los jóvenes de mi edad.

Todo comienza con sus historias las cuales escucho desde que tengo memoria, acompañado de unas cuantas "caguamas" y unos benson mentolados mi abuelo me sentaba a escuchar el sin fin de aventuras que tuvo a lo largo de su vida, sus trabajos, tristezas, alegrías, desgracias, desenfrenos adicciones y sus amores, el cual fue uno y hasta hoy en día es mi abuela, muchas de sus historias incluyen motocicletas y su pasión por estas, volviendo al título de lo que me ocupa cuento que hace 2 o 3 años mi joven abuelo Jorge o Chato como lo llamo desde que las palabras aprendieron a salir de mi boca decidió comprar la última de sus motocicletas una Carabela 150cc, rojo cereza con detalles en plata, sus 72 años podían ser comparados con mis 20 de ese entonces su emoción por la adquisición sobrepasaba la mía, mi madre y abuela consideraban esto como una broma pesada y de mal gusto, él ya era muy grande para andar en moto y yo muy joven e irresponsable (¿porqué dejamos que cuestiones tan irrelevantes como la edad nos dominen?) las dos fruncían el entrecejo para reprimirnos, claro que a ninguno de los dos jóvenes entusiastas nos importó. Los días pasaron hasta que un día llego el abuelo Chato con la moto el verlo sobre de ella me impactaba y emocionaba todas sus historias se materializaban, casi tangibles, en ese momento yo no era más que un espectador, sentado a la distancia, tomando en cuenta que jamás pensé verme tan cerca de una maquina como aquella era todo un evento.

Las semanas pasaban mi oportunidad no llegaba y francamente envidiaba ver a mi abuelo armado con un casco rojo que hacía juego con la moto, lentes de aviador, y chamarra en piel que lo regresaba a sus años mozos, poco a poco me daba por vencido me hacía a la idea que las reprimendas de mi abuela y mi madre lo habían persuadido y me mantendrían lejos de la carabela igual que al niño se le prohíbe entrar a la cocina porque la estufa es peligrosa.

La caguama salvadora.

Unos días después de mi frustrado intento de verla con ojos tristes, de la nada la caguama y los benson mentolados me darían la oportunidad de subirme por primera vez a ella (emoción al máximo)-"hijo,’ ¿quieres darte una vuelta?-no hizo falta que terminara la pregunta yo ya tenía la respuesta llave en mano y subido en ella, ni si quiera mencione que no sabía arrancarla.

Ese fue el primer día que me encontraba sentado en un sueño, mamá, hermano, abuelo y abuela parados al borde del zaguán atentos a mi nueva azaña, una vez más le quitaba las ruedas de entrenamiento a mi bicicleta, así de grande fue el evento en casa, la vuelta a la colonia un éxito llegue en una parte, nací para domarla, así pasaron los días aumentaban las distancias, habilidades y responsabilidades, la joven mente de mi abuelo disponía de mi cuerpo para rodarla.

Malas noticias (ni tanto).

Hace dos meses que Chato no la utiliza quizás un poco más la mente ya no controla al cuerpo, al menos 2 infartos (fueron más) en este mes le recordaron que los años pesan, pero al verme el montado en ella le recuerdan que la edad es subjetiva el por ordenes del médico ya no se sube, pero al verme a mí sentado en ella su aún joven mente vuela.

Que la edad no disponga de los deseos de tu mente, que no limite al cuerpo ni al alma, hoy mi abuelo se subió de vuelta a la carabela color cereza, pasajero de mi cuerpo dispuso de su nieto para salir a volar, paseamos por las calles. Hoy fue en cuerpo pasajero, piloto en mente y alma, recordatorio de que la edad es solo un número diciéndonos cuanto tiempo llevamos aquí, a final de cuentas seremos jóvenes hasta que la muerte quiera.

sábado, 7 de agosto de 2010

Existo y sueño, pero sobretodo...vivo

La vida es muy corta para esperarla sentado, y muy larga para vivirla aprisa. Se podría decir que estamos frente a un maratón y el que se da por vencido y se sienta a esperar que cosas buenas pasen ha perdido. El que vive quejándose de lo que está mal en lugar de levantarse a hacer algo vive un desperdicio, las cosas buenas llevan días, meses, incluso años en realizarse mientras que hace falta un instante para arruinarlas, bajo este concepto es comprensible porque tantas personas nos damos por vencidos antes de tiempo, conseguir algo implica mucho trabajo y esfuerzo algo a lo que no nos acostumbramos. Sin embargo muchos nos escondemos en sueños añorando todo lo que no tenemos sin darnos cuenta de todas las cosas que dejamos pasar, de los sueños vive el hombre, pero no se debe vivir en ellos, vale más convertir la vida en uno. Porque hoy estoy vivo disfrutaré todo lo que trae el mañana consigo, experiencias buenas y también las malas, porque la vida está hecha para los que nos caemos 7 veces y nos levantamos 8, para los que en lugar de vivir soñando convertimos la vida en un sueño.

Vivir es el sueño más grande que se puede desear así que más vale aprovechar la oportunidad que hoy tenemos, para que el día que dejemos de estar aquí podamos afirmar que lo logramos vivir un sueño.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Cuando cambio yo lo hace el mundo...

De regreso al espacio que hace meses abandoné después de la historia de Jesús y los niños en Zonzonapa Veracruz, leyendo lo que en aquellos días viví y tiempo después conté aterrizan en mi cabeza cosas en las que alguna vez pensé pero no siempre presté la atención debida, el efecto que tengo en otras personas y el efecto de las mismas sobre la mía. Volviendo a los días en Veracruz todos en mi salón pensábamos en el gran favor que le hacíamos a la comunidad visitada con la pequeña ayuda que les llevábamos, hasta hace poco me di cuenta que regresé menos tonto (por no decir más sabio) y mucho más consiente de los cambios que una experiencia como esta puede darte, Jesús me enseñó que la felicidad no depende de lo que tengo, mucho menos de lo que me falta si no lo que llevo en mi, esos días una pelota,burbujas y una piñata dibujaron una sonrisa en su mundo y sus sonrisas iluminaron el nuestro, todo valió la pena. Al final de cuentas no hace falta armar un teletón hiper millonario para cambiar el mundo, no todos los cambios tienen que ser masivos y de golpe, cuando cambio yo y mejoro también cambio al mundo el chiste es mejorar constantemente.
Porque hoy un cambio en ti puede reflejarse en alguien más...

domingo, 10 de enero de 2010

¿Qué hago aquí?




Después de unos cuantos días de abandono, retomaré la historia del viaje a Veracruz, he aquí el relato que aún me pone la piel de gallina...

Repetí la misma pregunta al menos cien veces en mi camino de regreso ¿qué hago aquí? a la mitad de la nada en un cerro desconocido rodeado por la niebla y cubierto por la brisa de la lluvia que cada vez se volvía mas intensa, el sendero enlodado y yo sin saber hacía donde caminar...todo esto comenzó cuando una compañera notó que había olvidado el cepillo de dientes, eran alrededor de las seis de la tarde y empezaba a oscurecer apenas habían regresado de su paseo en el río con los niños de la comunidad, no pude hacer el viaje mi rodilla derecha no lo hubiera aguantado, no sin rodilleras, volviendo a la historia vimos que a lo lejos el profesor caminaba hacía la tienda así que decidimos alcanzarlo, le perdimos la pista y al final llegamos a una tienda donde no tenían cepillos de dientes, un pequeño (Jesús) nos dijo que había otra tienda y nos llevo a ella fue donde encontramos al profesor con otra compañera. Estábamos los cinco en la tienda comprando lo que necesitaríamos para la noche galletas, jugos refrescos lo que fuera, hasta que el profesor ofreció comprarnos un poco de aguardiente para que la gente que había regresado mojada del río no se enfermara, afuera de una tienda con un vaso de aguardiente empezamos a contar historias o anécdotas que tuvieran trascendencia en nuestra vida mientras Jesús detrás nuestro tronaba palomas y demás, el profesor se molestó ya que el humo llegaba a donde nosotros, "hijo, echalos mas lejos se nos viene el humo", por mas que se alejo Jesús el aire traía el humo de vuelta a nuestra cara, "hijo ya te dije si sigues echando eso no te vamos a traer juguetes" amenazó seriamente el profesor, a Jesús no le importó continuó hasta que los diez pesos que compró se le terminaron, después de un vaso de aguardiente la historias se volvían cada vez mas íntimas y muchas llegaban a lo mas profundo de nosotros, una cerveza siguió con las historias, pero a decir verdad el aguardiente ya nos tenía un poco desubicados, se nos había hecho tarde y no sabíamos regresar al campamento no solo por el alcohol si no por la neblina,lluvia y el hecho que habíamos caminado sin saber hacía donde.
Jesús apareció y nos dijo que el sabía llegar al campamento, así que emprendimos el regreso al campamento mientras continuaba nuestro regreso la platica se hacía cada vez mas intensa al igual que la lluvia,después de mucho caminar llegamos al campamento empapados y con mucho frío, nos sentamos alrededor de la fogata, para calentarnos y poco a poco los que quedábamos despiertos se iban a dormir, preguntando a Jesús si no debía volver a casa me entere de unas cuantas cosas como que no vivía con sus papas si no con su abuela de hecho no conocía a su papá y un nudo se formaba en mi garganta," ¿no crees que ya es tarde y tu abuela esta preocupada?,-no, no importa al rato llego,- ya es tarde chaparro yo creo que mejor te vas", solo negó con la cabeza si quería quedarse era bienvenido, le ofrecimos cualquier tienda de campaña para dormir pero tampoco aceptó. Dieron las once y me ponía nervioso era imposible ver y la lluvia no lo hacía mas fácil, el profesor le ofreció una vez mas que se quedara porque él ya dormiría pero el lo siguió negando, se mantuvo sentado a mi lado sin moverse, "¿porqué no te vas?-no quiero-¿quieres quedarte?-no" era tarde estaba cansado y quería dormir pero no podía dejarlo solo, "¿quieres que te lleve?-sí-" ok vamonos, sabía que estaba prohibido salir sin compañía del campamento, pero íbamos juntos ¿no?.
Le dí una linterna y lo seguí, digo no podía vivir tan lejos lo había encontrado en la tienda serían 10 minutos en subir mas lo que tardara en bajar mientras caminábamos seguí mi interrogatorio hasta llegar a la pregunta que mas me interesaba, ¿porqué no quería irse?, "te querías quedar, ¿porqué no te regresabas?- me da miedo, de noche no se ve nada-" mis ojos se llenaron de lagrimas en realidad no tenía a que regresar nadie lo esperaba, llegamos a la tienda donde nos encontró y pensé en dejarlo,"listo ya llegamos-no todavía es mas arriba(señalo con la linterna)- ¿Falta mucho?-no, ya como 10 minutos." ok seguimos caminando, me dijo que no viera a los perros porque no me dejarían pasar así que le hice caso y pase sin verlos, ya no podía con mi alma y sabía que me faltaba el regreso así que aguante y seguí caminando.
La obscuridad y el hecho de no conocer el camino, me daban una extraña sensación jamás vivida, no era miedo, pero aún así mi corazón palpitaba como loco, mi mente divagaba mientras le hablaba a mi papá," tú me hiciste bueno, y si por alguna razón no regreso, es tu culpa" ahora me da risa pero en el momento a pesar de la baja temperatura, sudaba frío, seguimos caminando por otros cinco minutos que se me hacían eternos hasta que Jesús alumbro una pequeña casa de madera y lámina "ahí vivo, esta apagado pero me dejan pasar" me sentí aliviado le di un abrazo y cuando iba de regreso lo escuche decir "por ahí no-pero si por ahí subimos- si pero los perros no te van a dejar pasar" aún así decidí intentarlo el otro camino según Jesús era mas largo por la polvosa carretera, llegué a donde los perros nos habían ladrado, al intentar pasar se levantaron y gruñendo se acercaban a mi cerrándome el paso no le temían a las piedras así que decidí regresar por la carretera, el sendero se dividía en dos y se veían idénticos no sabía cual tomar así que camine por el que se veía mas seguro, el lado derecho iba sobre la montaña y el izquierdo la rodeaba y junto a ella una gran caída de al menos 20 metros con mi poco conocimiento del lugar y mi torpeza para caminar sobre el lodo, decidí dejar ese camino como segunda opción.
Caminaba por el lado "seguro" del sendero hasta que no reconocí absolutamente nada, a pesar de que no veía nada por la neblina lluvia y obscuridad de la noche algo me dijo que ese no era el camino, tuve que regresar y llegar a la división del camino, fue cuando mi cabeza repitió un millón de veces ¿qué hago aquí?, estaba desesperado por encontrar alguna señal que me llevara de regreso al campamento pero nada me resultaba conocido, sabía que tardaría aún mas al regresar no solo porque me había perdido, debía caminar con mucho cuidado para no caerme al barranco, la linterna apenas alumbraba dos metros y mi mirada iba fija en el piso evitando piedras charcos y posibles animales. Podía ver mi corazón palpitar a través de mi chamarra,estaba realmente alterado, y buscando cualquier cosa que me recordara el camino a casa, después de mucho caminar regresé a la tienda donde Jesús nos había encontrado, con mucho alivio en mi ser seguí caminando solo restaban diez minutos mas relativamente conocidos para mi. Llegué a la escuela y mas abajo alcanzaba a ver la luz de la fogata entre la neblina, me sentí aliviado al escuchar la voz de mis compañeros, cuando puse un pie en el campamento me sentí sumamente agradecido de haber regresado con bien, me metí a la tienda de campaña y rompí en llanto, entendía a Jesús, se el miedo que se siente tener que hacer las cosas solo porque no tienes a nadie mas, cuando perdí a mi padre ese miedo fue parte de mi mucho tiempo,por lo menos ese día había hecho un cambio, a la mañana siguiente Jesús me agradeció llamándome amigo presumiendo a todos que yo lo había devuelto a casa, me sentí feliz y él también.